Gatomidi: el positivismo que nace del ruido

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Eran poco más de las doce del mediodía cuando Jimena y Nolasco nos abrieron la puerta de su casa en Mota del Cuervo, en plena mancha conquense y a un paso de las provincias de Toledo y Ciudad Real. Una construcción con balcones de piedra blancos donde se encuentra su recién estrenado “Flowers’ Cavern”, el estudio de grabación construido en una antigua cámara frigorífica de flores y que da nombre al álbum que acaban de publicar. Un lugar donde reina el silencio y, sin embargo, se ha hecho ruido, mucho ruido (del bueno). Jimena Quejigo, bajo, voz, teclado y compositora, con pose de auténtica mujer rockera tallada a sí misma que se transforma con el eco de la distorsión de las cuerdas, ríe continuamente demostrando ese optimismo y el querer ver siempre el lado bueno de las cosas. Nolasco Contreras, voz principal y guitarra, no es una excepción y, a pesar de tener la espina de no haber compuesto ningún tema completo del grupo, siente “el Poder”, como el mismo dice afirmando que “los cantantes somos así de payasos”, al tocar un simple acorde de su “Facing Destiny”. Nos faltaba el batería, aunque presente en la entrevista, Julián Dolado, quien desde 2013 marca el ritmo y da la mirada desde fuera a las composiciones, por no hablar de su facilidad para dormir a pierna suelta, tras una noche movidita, en un viaje de ocho horas cruzando media España y, a pesar de todo, estar a prueba de baquetas para algo más allá de Radio 3.

La historia de Gatomidi comienza como una de esas grandes historias, de algo pequeño y sin pretensión, de un trabajo de facultad infravalorado que acaba convirtiéndose en una formación con una maqueta y tres discos de estudio: “La primera maqueta se llama “Facing Destiny” y nos llevó sin darnos cuenta a que estábamos grabando un disco, teníamos un grupo y hacía tres meses no teníamos nada de todo eso”, recuerda Jimena. Y a partir de entonces sucedió todo lo demás; como el día que se vieron tocando en una sala de bachata a cambio de chupitos y unas copas donde el volumen de la batería parecía molestar a los dueños. Sin olvidar su concierto en los Viveros de Valencia donde se dieron cuenta que nunca querrían bajarse de un escenario. O la fiesta 20 aniversario del FIB, donde pudieron tocar su versión del “I’m waiting for the man” de la Velvet Underground rodeados de guiris bailando la canción.

De Oasis a Blur, pasando por Nirvana y Sonic Youth hasta The Horrors, Joy Division, The Clash y un largo etcétera son sus referencias, grupos que les han acompañado siempre. “Cuando un grupo empieza no tiene muy claro cuál es su sonido o cómo está sonando, pero lo que teníamos muy claro era el rollo que nos gustaba, entonces lo hemos ido perfilando hasta sonar como sonamos ahora.”

Su sonido surge a base de energía, ruido, distorsión y fuerza; las ganas de querer expresarse y transmitir al público todo, mezclado además con grandes dosis de positivismo: “El estado de ánimo es muy importante en cómo lo estás haciendo, de hecho nosotros intentamos grabar las voces siempre sonriendo porque creemos que la sonrisa se oye. Estamos convencidos de que sonreír se oye.” Pequeños detalles, fallos, como esa electricidad que aparece de manera espontánea y se queda ahí “todas esas cosas son las que proceden de un disco como el de Gatomidi y dices “oigo que está vivo”.

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En busca de The Flowers’ Cavern

Desde 2011, cuando publicaron aquella maqueta hasta la llegada del nuevo disco han pasado seis años en los que han realizado tres trabajos de larga duración más un EP con conceptos muy diferentes. Aquel “Facing Destiny” estaba hecho con la única pretensión de juntar a tres amigos y pasar un fin de semana atronándose entre instrumentos durante un fin de semana en una reducidísima sala grabando canciones en directo. El segundo disco, “Enclosed Spaces”, lo grabaron dos años después gracias a un concurso que les daba la oportunidad de realizarlo en el estudio Music Rooms de Valencia, bajo la tutela del técnico de sonido Carlos Ortigosa. Un LP en el que se marcaron un nivel de exigencia muy alto que, combinado con una situación personal complicada, hace que no sea de escucha sencilla, “hay mucho ruido, muy bien puesto pero mucha distorsión, muy enérgico… es un disco muy experimental”. Sin embargo Nolasco, a pesar de las reacciones de incredulidad que veía en algunas secciones del público cuando lo tocaban, afirma que se trata de un trabajo con una presión sonora importante pero que era el momento de hacerlo.

Ahora, con este “The Flowers’ Cavern” dicen sentirse en paz con ellos mismos, recuperando la frescura con la motivación de grabarlo en su propio estudio: “Fue muy guay cambiar de sitio, no tanto empezar de cero porque ya sonábamos en radios nacionales y la gente un poco de oídas sabía quién eras, pero es una forma de empezar de cero y, quieras que no, la mente se resetea.” Un momento en el que quieren disfrutar de la música, del mismo modo que hace seis años y ponerse metas sin olvidar quiénes son en cada paso. “Tener tus pretensiones y tener tus metas, pero sobre todo lo que mejor está es saber controlarlas porque debes saber, y si no lo sabes lo aprendes con el camino, como músico o como grupo tienes que saber que es un camino eterno, y tienes dos opciones: continuar y aprender o quemarte en el intento”, nos cuenta Nolasco afirmando además que éste es el momento más honesto de Gatomidi. Un LP que ya tenía su precuela en el EP “The Flowers’ Cavern (Part I)” de 2015, un adelanto de lo que se estaba cocinando en el estudio.

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Un estudio que tiene su sede en Mota del Cuervo, que no es sólo la tierra del grupo sino el lugar donde Gatomidi confía por la tranquilidad, el espacio de libertad que da un sitio donde no hay que mirar tanto el reloj ni que se te pase la hora del parking. “Creo que es el mejor sitio donde hacerlo porque si hay una tierra en la que las cosas que parecen imposibles pueden llegar a ser posibles esa es La Mancha, y Cervantes nos lo demostró con puño y letra. Donde era imposible que se fijase el mundo entero era en La Mancha y que un escritor iba a ser el escritor de todos los tiempos después de la Biblia, era impensable que fuese en La Mancha pero él se empeñó ensacar a su hidalgo Don Quijote y decírselo al mundo. Creo que los manchegos tenemos un poco ese espíritu, espíritu un poco de quimera, pero que sí lucha contra gigantes.” Un espacio en el que poder reunir de igual manera a grupos que tendrían que ir a otras ciudades fuera de la comunidad, otra manera de conectar la raíz de la música con la esencia de la tierra. “Si la gente se va a Cádiz a la casa de Paco Loco a grabar, ¡a Cádiz! Puerto de Santa María, gente de Galicia, pues, ¿por qué no a Mota del Cuervo? Y algún día, si eso es así y conseguimos tener un nivel de clientes como Paco Loco, que es un grandísimo creador de discos, pues nosotros seremos muy felices en ese aspecto. Así que creo que en La Mancha, en Mota del Cuervo es el mejor sitio.”

El compromiso con la estética

Nacidos en la era de la imagen, obsesionados con el videoclip, Gatomidi es un grupo que no sólo se preocupa por su música sino que la refleja también en la estética. La pasión por las carátulas de los discos, como recuerda Jimena cuando fue de excursión a Madrid y se gastó las mil pesetas de la época que le dio su madre para comer en un disco de un grupo llamado Colplay titulado “Parachutes”, que se compró sólo por la portada. Además de la forma de vestir que tiene como referencia a esos grupos donde reinaba la no-estética, como Sonic Youth o los Pixies. “A mí me llamó la atención en su día porque Liam Gallagher iba en chándal y camisa con botones en plan de mmmm… ¡pero mola!”, cuenta Nolasco sonriendo. Saben que una imagen vende, no hace falta ser guapo ni tener nada: sólo mostrar una estética, mirarte al espejo y seguir siendo tú.

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Las portadas de sus discos, diseñados por Jimena, reproducen también ese gusto por la estética y por querer crear algo propio y diferente como se puede ver en su EP de la primera parte de “Flowers’ Cavern”, que contiene unas gafas 3D para poder jugar con la portada, con los colores, más allá de la simple ilusión en 3D. “La idea era sobre todo buscar una portada llamativa y cómo llamar la atención si iba a ser un simple CD tenías que ponerle algo más. Y lo más barato, después de mucho buscar y muchas ideas, lo más barato eran las gafas y no podíamos permitirnos nada más.”

La esencia videoclipera que también exhibe en sus vídeos, como en el del tema “Facing Destiny”, ya sea esa sensación de colores psicodélicos o el uso del imaginario donde las cabezas humanas se convierten en ojos y aparatos de televisión. En este recién estrenado álbum podemos ver su faceta seriéfila puesto que el single “Walking around you” viene con un videoclip homenaje a Twin Peaks, dirigido, al igual que “The Fortunate Ones”, por Fran Gas. “Es una canción en la que somos los dos voces principales y sí, lo primero que nos vino a la cabeza es hacer un videoclip rollo Twin Peaks… La producción la hicimos aquí en Mota, ella y yo en nuestra casa. Actores, nuestros amigos, que se implicaron, vamos, hemos descubierto a unos diamantes en bruto”.

Como buenos melómanos, siguen apostando por el vinilo y con el lanzamiento de su disco no iban a dejar pasar la oportunidad de volver a editar en este formato fetiche: “Es algo que te ofrece algo más, de gráfico, de estética, de imagen del grupo, y quieras que no, es más llamativo y la diferencia de precio tampoco es tan, tan, tan grande.” Pese a que la fabricación sí puede ser más cara, saben que los grandes aficionados a la música, coleccionistas y románticos siempre querrán tener uno, aparte de la evidente diferencia sonora: “Somos de los que pensamos que realmente suena diferente, pero es que físicamente es otro formato donde se plancha la música entonces tiene otras connotaciones que a nosotros nos llama mucho la atención. De hecho se hace un máster especial para vinilo porque soporta más graves… eh, no sé, se percibe la música de otra manera. Yo si tuviera que definirlo diría que es más natural que en un CD… Era una cosa que había que tacharlo de la lista el primero que hicimos y en este, cuando nos lo planteó Molusco, nos ha convenido porque ahora se vende más que el CD. ¡Bien por Molusco!”.

Un grupo de directo

De Festivales, y a pesar de que tocaron en la Fiesta 20 Aniversario, su predilecto sigue siendo el FIB, por romanticismo, estilo musical y por ser donde actúan sus grupos favoritos desde los 14 años y al que han asistido siete u ocho como público. “Cosas que hacer antes de morir: tocar en el FIB”, concluye Jimena, aunque sin descartar la idea de un Primavera Sound o un Glastonbury. Su estilo y el cantar en inglés cuadra más con los festivales por los que menos se apuestan en España: “No somos igual que Love of Lesbian o La Habitación Roja, o que Supersubmarina… Quizás uno de los festivales que apuesta por grupos como nosotros es el FIB. O el Primavera Sound. Y en su línea más pop el Contempopranea… Los que perduran en el tiempo porque te llaman por tu música no porque… “es que no vendes muchas entradas”. El grupo que te va a vender entradas no soy yo, es el grupo que has llamado que se llama Love of Lesbian, o sea, ¿qué me estás contando de mí? Si esperas que yo rescate tu festival es que tu festival tiene un problema.” De igual manera, Gatomidi, no es un grupo que espera que lo llamen, hacer marcha independiente aquí también forma parte de la esencia de su razón de ser. No estar sometido a nada ni a nadie, y que si alguien llama sea por tus canciones y no por el número de tickets que vas a vender. Así escomo reivindican también la importancia de los festivales pequeños donde la cercanía de la gente es mayor. Orgullosos de tocar en el próximo Zeporock el 17 de junio, recuerdan otros del estilo, en Lleida o el Plátano Sónico de Utrera, donde regresaron a casa con las maletas vacías de discos y el subidón moral que da ver a un público entregado.

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Tocar en directo es además donde más a gusto se siente la banda, por la libertad, por la magia de lo espontáneo y el calor del público. “Da igual que no salga perfecto, como tiene que salir en un disco, lo importante es que le hagas a la gente sentir y que les mole, eso es lo más importante por eso yo me quedo con el directo, porque percibes a la gente, percibes sus emociones, sus sensaciones, ante cada canción y ante cada cosa. … Un disco, quieras que no, tiene que tener ciertas limitaciones. No se percibe igual la música en directo que en un disco. De hecho en un disco puedes hacer una mezcla de guitarras, quizás tienes una idea del ensayo, pero cuando la llevas a un disco no puedes pretender que la guitarra esté totalmente distorsionada, que no se entienda nada, siempre tiene que haber algo que se entienda entonces tienes que grabar una guitarra en limpio, y otra en sucio. A lo mejor luego la batería dices oye que a mí me mola como suena con este armónico, y tienes que decir este armónico lo que nos va a estorbar es todo el resto de armónicos porque sólo se va a escuchar el armónico de la caja, entonces hay que acabar con él –risas-.”

Hazlo tú mismo

Continuando su línea de pensamiento independiente y de hacerse cada uno su propio camino, no creen que una comunidad deba ayudar a fomentar la creación de grupos, sino que es algo que debe nacer de uno mismo. “A lo mejor necesitas ayuda para grabar un disco pero no para la formación de nuevas bandas. Que vienen ayudas, pues muy bien, pero las hacemos porque queremos, no porque haya ayuda yo voy a hacer tal cosa. … La Movida Madrileña no nació porque la Comunidad de Madrid fomentó la Movida, surgió por una movilidad de la gente que se sentía relacionada con los grupos y apoyaba a los grupos que tocaban y para eso no hace falta ningún tipo de ayuda, hace falta que nos movilicemos nosotros que tenemos el poder”, remarca Jimena haciendo hincapié en la importancia que tiene la gente que se mueve por amor hacia la música, o cualquier arte, para conseguir una visibilidad global y no solo en un sitio.

Gatomidi reivindican de igual forma un espacio que no tiene la gente pequeña, fomentada de momento por esa misma gente. “Hacer escena, y la escena la hacemos la gente que nos unimos y nos gusta la música… Quizás la bola tiene que ser lo suficientemente grande para que esos sitios muevan ficha y digan pues esto parece que funciona de otra manera, pero es que la bola la hacemos grande poco a poco. Entonces tampoco tienes que vivir esperando a que eso pase, pero si pasa algún día, genial.”

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Haciendo piña y que la gente que tiene el dinero se involucre más en la gente de la comunidad y no hacer de menos a los grupos de la tierra; apostar por la cultura y no sólo por lo lucrativo. “No podemos dejar que sea el dinero quien mueva la historia porque entonces nos estamos cerrando puertas. Porque hoy sí, hoy por ejemplo Miss Cafeína, venden tickets, pero no hay que olvidarse que hace diez años no los vendía, y eso es porque alguien en su día les dio su oportunidad. Entonces quién te dice que mañana, por meter a este grupo que aún tal o que ha ganado un concurso cual, dentro de diez años podríamos estar hablando de un nombre. Pero si vamos a lo certero, que es lo fácil que es vender entradas estamos cerrando la puerta a mucha gente que está viniendo. Es un círculo que no lleva a ningún lado, entonces tenemos que remar juntos. Es lo que podemos decir.”

Gatomidi, un grupo hecho a sí mismo a base de buenas pinceladas de new wave, rock y pop. Y como el fuego, el ruido y la distorsión, o todas esas cosas que están a nuestro alrededor que a veces no percibimos pero siempre están ahí: Gatomidi, camina conmigo.

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