Enriquito: el placer de los momentos vacíos

Enrique Rodríguez, “Enriquito”. Nacido en Puertollano (Ciudad Real) hace 32 años. Licenciado en Trompeta. Le gusta la Astronomía y odia que no confíen en él. De niño soñaba con hacer su propia música. Si tuviese que elegir un disco se quedaría con Omega de Enrique Morente, como artista predilecto tiene a Jorge Pardo. El deporte como afición fuera de la música, una afición a la que seguramente se dedicaría si no fuese músico.

DSC_1159

Un músico de raza

El trompetista nos recibe en la Tasca del Arte de Cuenca, donde sentados alrededor de un barril que hace las veces de mesa, nos cuenta lo que fueron sus inicios en el mundo de la música: “Yo creo que no decidí adentrarme en el mundo de la música yo creo que me eligió cuando era pequeño.” De padres músicos que daban clases particulares a chavales, alimentó su don a base de lo que escuchaba en un hogar rodeado casi todo el día por aquellos alumnos: “Cuando entré al conservatorio con ocho años tenía muchas de las cosas que se empezaban a explicar ya las tenía asumidas, fue una facilidad y un acercamiento desde bien pequeño. Y siempre tenía muy claro que quería dedicarme a ello.”

Un músico que siempre ha tenido un objetivo claro, con humilde ambición: conseguir cierto reconocimiento y vivir de lo que hace; una carrera en solitario tocando y sacando discos de flamenco-jazz, una fusión que como bien dice, no está cerrada a nada y en la que se pueden abrir siempre nuevos caminos: “Al cruzarte con gente del ambiente, con gente muy distinta te van nutriendo de diferentes formas de tocar, de ver la música, vas aprendiendo. Entonces por eso pienso que me siento libre de no atarme a un sonido determinado, ir descubriendo nuevas cosas, cada disco una nueva aventura y afrontarlo así, no como algo cerrado.”

Su afición por el jazz, por el flamenco y por esa fusión creada en Madrid de los años ’80 con la comunión de músicos de ambas corrientes, además de encontrarse con Jorge Pardo, una iluminación para él, y gente que ha tocado con Paco de Lucía, le marcan el camino hacia su meta: “Yo voy a intentar dejar mi huella a partir de mi forma de ver esa corriente, conseguir un sonido, una forma de hacer los esquemas o de hacer esa música.” Ese gusanillo que le picó tras un concurso de jazz y conocer a su ídolo del que dice con orgullo que “es de las personas y de los artistas que te hacen entender, y ver que para llegar hasta arriba se llega con mucho trabajo, mucho sacrificio, mucha filosofía, mucha inteligencia, mucho respeto a todo. Jorge te hace ver eso, te pone delante tuya el ejemplo que hace las cosas de una forma muy pura, muy filosófica, con mucho cuidado, midiendo todos los detalles y te hace aprender muchísimo, es como una especie de chamán. Demuestra a la gente transparencia, respeto… no se, son muchas cosas. Sobre todo experiencia, y darle la mano a Jorge Pardo es como darle la mano a Camarón o a grandes estrellas, grandes monstruos de la música.”

_DSC5238

Como uno de los pocos trompetistas que se han adentrado en el mundo del flamenco-jazz, tiene un sonido, aún en proceso de búsqueda de personalidad, de encontrarse a uno mismo ordenando todas esas influencias que le han traído hasta este punto: “Estoy buscando la forma de combinar las técnicas que utiliza por ejemplo Jorge Pardo, pero a la vez intentando aplicar el lenguaje del jazz, intento forjar un estilo que todavía me queda, y los discos pues te ayudan a eso, a organizar las épocas. Según vas tocando, vas viendo ese desarrollo y para cuando sea mayorcito ir viendo mira cómo tocaba aquí, y al final es como un álbum de recuerdos.” Algo que bien sabe que es complejo, puesto que ser trompetista y hacer flamenco no es tarea fácil: “Yo soy trompetista, hago flamenco y no ha habido nadie que haya hecho flamenco con la trompeta y claro tengo que fijarme en otros instrumentistas, escuchar guitarristas, cantaores, flautas… la trompeta es difícil, sí que ha habido trompetistas que han colaborado con el flamenco, pero no han hecho canto de flamenco.” Una falta de trompetistas que se hayan querido introducir en el mundo flamenco por ser géneros, ambos, que por separado son complicados de entender, incluso de ser aficionado: “Hay gente que se acerca, sobre todo por el tema de la improvisación más que por el flamenco. Quizás si que por el cante no haya habido nadie, ¿por qué? Pues porque es difícil de entender y hay que ser aficionado al flamenco. También es complicado entender el jazz y hacer un solo, entonces yo creo que los trompetistas tiran más por el jazz o por el clásico, por las cosas que están estipuladas, ¿no? Creo que falta el abanderado, que marca esa pauta y esa línea.”

Se siente realizado y satisfecho por haber podido compartir escenario con algunos de sus ídolos, y cree que puede pedirle pocas cosas más a su profesión. A pesar de ello, sabe que actualmente entrar en el mundo de la música es mucho más difícil: “Quizás se haya perdido la esencia de juntarse unos chicos que crean algo muy bonito y la gente empieza a hablar de ellos, por la propia esencia, como por ejemplo los Beatles.” Hace así una crítica a las redes sociales, donde impera más el cómo te vendes, el funcionamiento de es lenguaje, que lo que estás dispuesto a expresar con tu música: “Es relativamente fácil que tus cosas se conozcan, con las redes sociales ahora es mucho más fácil todo. Si un grupo sube un video y tiene muchos seguidores y amigos con plataformas en los que se puede dar a conocer es mucho más fácil. Pero es a la vez difícil porque todo el mundo sabe cómo va, saben los perfiles, saben lo que ha funcionado, lo que no…  la moda de los videos de tal forma… Con el tiempo se han creado una serie de “trucos” donde la gente sabe lo que tiene que hacer para que las cosas funcionen.

Enriquito parece no tener miedo al subirse a un escenario, disfruta los temas lentos, hacer palos de flamenco cuando la improvisación se convierte en un cante que sale de dentro. “No calentarte la cabeza por si vas a estar cómodo o no, va a estar bien técnicamente. Y aunque puedas estar mal o bien disfrutarlo ante todo, con el tiempo al final lo que más valoras es eso. Dejarlo fluir y disfrutarlo ante todo. Es eso, el estar tranquilo el día del concierto, el día de antes no tocar mucho, no me gusta tocar el día que tengo un concierto. No se, tratar de en cada concierto ofrecer algo nuevo, experimentar y sentirlo diferente, ¿eso mola, no? Porque al final como se aprende es haciendo cosas diferentes.” Sus bolos con Chambao, lo que hacía junto a Canteca de Macao, con Juanito Makandé, con Jorge Pardo o ya en solitario, cosas muy diferentes en las que se siente cómodo y disfruta de igual forma de esa música y del ambiente.

De su primer disco al impulso de la cultura

Su primer disco, “Me quito el sombrero”, pudo desarrollarse gracias a la concesión de una ayuda de parte del Instituto de Juventud de Castilla-La Mancha para la creación artística y apoyándose también con el Primer Premio obtenido en el certamen de Jóvenes Artistas en 2009. A pesar de ello, y a sabiendas que significa un buen apoyo, no sabe hasta qué punto las instituciones deben ser quienes empujen ese carro: “El volumen de artistas que lucha por el arte en este caso son realmente los que deben de impulsarlo. Ayudas, festivales, premios… todo va a favorecer porque es un pequeño reto que es bonito para un artista y anima a muchas bandas a prepararse para eso. Al ser un premio te dices “ya que vamos, vamos a hacerlo bien a ver si pescamos algo”.  Y puede darte cierto saltito para animarte y seguir haciendo cosas. ¿Podría haber más? Claro que podría pero tampoco sé hasta qué punto o qué volumen de bandas hay que se lo toman en serio y que quieran vivir de eso. Al final te tienes que ir a ciudades grandes porque hay más volumen de gente y depende también de lo que tú hagas. Al final la opción de Madrid, Barcelona e incluso fuera pues suele ser la apuesta de quién se lo toca en serio. Yo en mi caso si me hubiese quedado en Ciudad Real, ¿qué podría estar haciendo allí? Pues no sé, tocar con mi grupo de jazz una vez a la semana en un bar o tocando con gente que reside allí, que no quita que sean ni mejores ni peores pero la oportunidad de hacer algo serio son mínimas. Si estás en Madrid, por ejemplo, cualquier día puedes conocer a gente, un nuevo proyecto, una cosa que funcione… hay muchas más oportunidades.  Al final hay que buscarlo.”

DSC_1153

En cuanto al movimiento musical de la comunidad cree que el verdadero impulso deben darlo los propios artistas, y no esperar a que sean altos cargos quienes hagan ese trabajo: “En el País Vasco hay una pedazo de cultura que te cagas, hay un conservatorio superior de música que alucinas, unos profesores de una calidad impresionante pero de eso no creas que se ha ocupado el ayuntamiento de San Sebastián si no los músicos de allí. En este caso Iñaki Salvador que es un gran pianista de allí, unos de los pilares potentes que se ha preocupado de que se haya creado uno de los mejores conservatorios de Europa. Igual que en Valencia que tiene una cultura musical de la hostia. Músicos, sobre todo una cultura de viento increíble, y en el pueblo que hay 50 habitantes todo el año hay una banda de música y eso no es por el ayuntamiento es por la afición. Es por gente que ha luchado en Valencia o San Sebastián para que tengan un Conservatorio Superior de Jazz. No podemos esperar a que nadie nos regale nada. Si estamos aquí esperando  a que en Cuenca hagan el Conservatorio superior por arte de magia esperando al alcalde o alcaldesa de turno  plantee eso… te puedes morir sentado. Porque tiene que luchar quién lo quiere, insistir y dar el proyecto cerrado.

Al igual que critica en cierta medida la manera en la que se ha tratado la cultura y, en particular, el flamenco en nuestro país: “¿Por qué en España conocemos a todos los mejores músicos de Estados Unidos? Porque se han preocupado de sacarlo y exportarlo. Con el flamenco no ha pasado tanto eso. Si el flamenco hubiera sido una cosa de Estados Unidos otro gallo cantaría. El guitarrista o la bailaora estarían en la Coca cola. Sería una cosa muchísimo más internacional.  Entonces yo creo que las cosas serias que se llevan a cabo quien las empuja son la gente que lucha desde abajo, la gente que cree, que lo ha estudiado y que lo valora.”

Corazón y creatividad

Tras “Me quito el sombrero” en 2012 y sorprender dos años después con “Alcudia”, publica ahora “Contrarreloj”, en el que encuentra una evolución en cuanto a nivel técnico, en forma de producir, más que una evolución de estilo: “Hay cierta evolución pero yo creo que todavía es pronto para sentir una evolución real y que haya gran diferencia. Tendrán que pasar todavía años para que digan anda en el 2012 tal… en el 2020 tal porque sobre todo en este estilo el poso es lento y tienen que pasar los años para notar cierta evolución a la par que la búsqueda de tu personalidad al tocar.” Un disco que nace de esa reivindicación de no tener tiempo para mirar a nuestro alrededor y disfrutar simplemente del paso de esas manijas que tanto nos oprimen. De ahí también, el impacto que crea la portada del álbum que ilustra el cuadro de un amigo del trompetista, subrayando también que al ser instrumental es mucho más complejo, más místico, esa labor de englobar un disco con cierta identidad: “Es un poco más complejo darle esa forma, pero recapacitando en reflexiones mías hacia una especie de crítica social a cómo funciona todo ahora: el consumo del arte en general y el consumo de todo, de la moda, de cómo es la gente de qué es lo que gusta, ahora se lleva esto y mañana se lleva otra cosa.. con la música también pasa eso, salen artistas, canciones que están de moda durante dos o tres meses y dejan de sonar y se quedan en el olvido.

_DSC5294

Una crítica con la que reclama un espacio en el que poder disfrutar de los momentos sin estar atado a nada: “Yo creo que muchas cosas de las que se hacen ahora no buscan que la gente sienta buscan el divertimento rápido, eficaz, que funcione, que pegue mucho y luego sale otra cosa y otra cosa que al final no van a perdurar.  ¿Por qué han perdurado obras clásicas en la pintura o en la arquitectura? Porque son cosas que se hacían con corazón y creatividad.  Ahora es cumplir con un horario, todo el rato estamos solucionado la vida, la gente trabaja en cosas que no le gustan, están estresados, las redes sociales te obligan a que hagas ciertas cosas, comas ciertas cosas o te vistas de una manera. ¡Coño! Párate a pensar en tu vida, tú con tus gustos, tu forma de sentir las cosas… no dejes que te absorban. Y si te gusta la música siéntate en casa un ratito, ponte tu disco y te lo gozas. Si te gusta el cine, ponte una película, apaga la luz, desconecta el móvil y disfruta de la película…. Nos tiene muy despistados para todo. A la gente le cuesta mucho concentrarse para cualquier cosa.”

En cuanto a las redes sociales y al tema de la libertad lo tiene bastante claro: “De momento la utilidad social que tiene es totalmente libre. Últimamente me molesta un poco que haya gente que critique lo que uno sube o deja de subir es como; ¿No queríamos un sitio en el que sentirnos libres, en el cual cada uno publique lo que quiera y cuándo quiera? y ahí nosotros a veces nos tiramos piedras contra nuestro propio tejado en plan “hay gente que sube más de dos cosas al día” si es libre.”

Un hombre, un músico libre, soñador y con garra, que se plantea el futuro como un reto para desarrollar una nueva música, una forma de expresión capaz de cambiar nuestras vidas aunque sólo sea por unos minutos mirando el arte más allá de una nota de trompeta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.