Tábano: acordes sureños de La Mancha profunda

En su hábitat más natural, después de los bares, las lagunas de Alcázar de San Juan es donde nos recibe a ritmo de bluegrass, de forma literal, la banda de Tábano al completo. “No te acerques mucho que huelo a incienso de Semana Santa”, avisa uno de sus miembros que responde al nombre de Jaime (a.k.a. Jimmy Nalga) antes de comenzar la entrevista y que vaticina un disparatado transcurso. Vestidos para la ocasión, el conjunto lo componen cinco peculiares personalidades. Se definen como paletos endogámicos, no tienen un maldito pelo en la lengua y, aunque no paran de bromear e ironizar con todo lo que se les pone delante, se toman más en serio de lo que creen.

Alberto, de 22 años, responde con el grupo al nombre de John Caverna. Nacido en Alcázar. 4’7 de media en la ESO y Grado 8 en Rock Scool. Le gusta comer y tocar el banjo en pelotas. Odia las bandas tributo y el capitalismo, dando ejemplo con la gorra del slogan Trump “Make America Great Again”. De niño soñaba con cualquier cosa salvo con ser futbolista como: estar lisiado y que le dieran una paga. Su canción, “Free Bird” de Lynyrd Skynyrd. Su artista, Guthrie Govan. Dormir, comer y el Gran Hermano VIP son sus aficiones aparte de la música. Más que músico se considera un “desoficiao”.

Rubén, nombre de guerra: Zarigüeya Joe. 30 años. Nacido en Madrid, Alcazareño de toda la vida. Estudios de Anatomía Patológica. Le gusta la cerveza y la música. Odia la política en general y la derecha en particular. De niño estaba obsesionado con ser granjero. Screamin’ Cheetah Wheelies de la banda homónima, su disco de cabecera. Su artista, Rory Gallagher. Tiene las miniaturas, el modelismo y la bicicleta como aficiones fuera de la música.

Pablo, sobrenombre Billy Gunn. 23 años. Nacido en Alcázar. Estudios de Música Moderna en Rock School y Marketing y Publicidad. Le gusta comer. Odia que no sigan emitiendo “El Diario de Patricia”. De niño quería ser futbolista y, poco después, músico. Se queda con el “Cowboys From Hell” de Pantera. Como artista, Paco de Lucía. Los videojuegos y comer, algunas aficiones aparte de la música.

Jaime, Jimmy Nalga (por sus nalgas). 27 años. Nacido en Alcázar. Estudios Superiores de Audiovisuales y futuro docente. Le gusta el anís y la comida. Odia la derecha en general y en concreto (llevando su gorra del ejército) la Cospedal. De niño quería ser viejo verde. Se queda con el tema “Atrum Regina” de Dark Funeral. Como artista, Ignatius Farray. Tiene como aficiones el anís, la comida y lo audiovisual. Si no fuese músico, sería productor de audiovisuales.

María, conocida como Mary sin ley para tabaneros. 29 años. Nacida en Manzanares, aunque nadie debería saberlo. Le gusta la buena comida y la música en directo. Odia los madrugones. De niña quería ser peluquera. Se queda con la canción “More Than Words” de Extreme. Como artista, Van Morrison. Viajar, la costura y la artesanía son sus aficiones fuera de la música. Querría ser artesana a nivel profesional si no tocase el violín.

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Desoficiados al sol

Un grupo que nació de la necesidad de tocar para salir del tedio: con muy pocos recursos, amargados y en el paro se hicieron con un barreño, unos palos y unas cervezas con un parque como escenario. “Yo me compré un banjo por hacer la gracia, era lo más barato que había y sigue siendo lo más barato… no creas que lo he renovado… Y quedábamos en un parque y empezamos a ensayar y salían cosas buenas. Y por el estilo, elementos campestres, había moscardones alrededor nuestro”, nos cuenta Alberto, alias John Caverna. Y de ahí también el propio nombre del grupo, además de que en los directos sus “comentarios suelen ser bastante irritantes, que escuecen un poquito a la gente… es un nombre que va con el show”, como nos explica Rubén, a.k.a. Zarigüeya Joe, quien es la voz cantante del espectáculo: “Normalmente soy yo el que presento los temas, el que lleva la historia, tengo como referente a Fernando Pardo de Los Coronas.”

El género que tocan es un bluegrass sencillo, simple, que tiende más a lo que se podría llamar cartoon bluegrass, como el de los dibujos animados, “simplemente hacemos lo que nos va saliendo, dándole el toquecillo para que parezca yanqui… ¡intentando dar el pego!”, como nos comenta Alberto. Es el género que mejor puede combinar con el show, de tintes sureños con humor muy ácido y crítico. Algo que se hace evidente en los títulos de las canciones, siempre en castellano, como “Siempre es verano con el rifle en la mano”, “Cindy sin dientes” o “Sabina es gilipolllas”, títulos que muchas veces someten a votación en los conciertos o simplemente surgen espontáneamente y haciendo una historia paralela sobre el tema. Títulos a su vez que nacen de las experiencias del grupo, como es el caso de “Jesús el Sheriff”, un personaje real de Mota del Cuervo que va con tricornio y fusil, o su “Baca en la baca”, que hace referencia a un imprevisto que tuvieron en carretera cuando la baca de su coche voló por los aires y cayó a la autopista.

Espectáculo más que grupo

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Como buen grupo de género y por cuestiones económicas, fabrican sus propios instrumentos como se hace en el bluegrass más primitivo. El contrabasura, armado con artículos comprados en un chino, la tabla de lavar que pidieron por Amazon a Dysneylandia o la Cigar Box, son algunos de sus inventos, importados desde la américa profunda. “Yo he escuchado mucho a Seasick Steve y es un máquina, lleva todas las guitarras así y me dije “tenemos que hacer una de estas”, nos comenta Rubén en referencia a la guitarra hecha con una caja de cigarros.  “Allí estas cosas las hacen más pro, consiguen afinarlo y tal, nosotros cuando ya es cutre lo llevamos al extremo. No lo hemos inventado, lo hemos introducido en nuestro país como Benito el gotelé”, puntualiza John Caverna entre risas.

No intentan, como nos comenta Pablo, a.k.a. Billy Gunn, hacerse un hueco en el mundo de la música: “Lo que venga bien, es recibido, pero también es verdad que tenemos una edad que no estamos para bajarnos los pantalones en ciertas cosas. Venimos al mundo de la música para disfrutarla y pasarlo bien, y si nos llaman de un sitio que mola el rollo y tal, vamos de cabeza.” Todos lo han tenido en mente, viniendo de otros grupos pero saben que para entrar hay que hacer una gran inversión. “Es un mundo muy ingrato en el que realmente no hemos querido entrar, y como Tábano ni nos lo planteamos si quiera, aunque también es cierto que es con el grupo que más he tocado”, puntualiza Rubén.

En los conciertos, como nos cuenta John Caverna (a.k.a. Alberto) “la gente experimenta los tres episodios de una catástrofe: negación, enfado y aceptación. Primero es como, esto no puede ser. Luego es como, ¡joder, qué puta mierda! Y luego, es lo que hay, vamos a divertiros.” A pesar de ello, también se toman, como los buenos humoristas, el humor en serio: “Nosotros nos divertimos ante todo, porque para eso lo hacemos, pero luego lo tratamos con respeto y hacemos un show, que es un show de coña bien hecho. Dentro de nuestras posibilidades, está bien hecho.” Un estilo musical muy agradecido de cara al público, en el que la interactuación con él forma parte del espectáculo como nos indica Jaime: “Si le pusiera yo una diferencia al grupo sería que el show en sí, porque no es la música, el vestuario también es una cosa importante, el humor que hacemos entre canción y canción. La gente la veo cuando se mete en el rollo, y la ves bailando y la ves riendo.” Espectáculo más que grupo, son los directos donde encuentran su mayor razón de ser, interpretando canciones interminables y pocas veces semejantes a las de sus discos, cuyos temas reconocen no saberse, que se cortan a la voz de un “¡Yihaa!”, “que es una manera de decir: chicos, vamos a ir cortando que diez minutos de lo mismo no”, explica Jimmy Nalga. A la hora de preparar conciertos “subimos al coche, nos bajamos, nos abren el bar, nos ponen una cerveza…”, pero después es María, La Mamma como la llaman en ocasiones, la que se pone seria y hacen hasta pruebas de sonido: “Como ella viene de fuera, para una vez que está decimos “venga vamos a hacerle caso”. Solemos ensayar una semanas antes de un concierto importante, si tenemos conciertos seguidos no quedamos a ensayar, vamos directamente el día del concierto, recogemos y ya está”, puntualiza Rubén.

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Panfletos y redes

Partidarios al cien por cien del copyleft, porque “hay que ser idiota para copiarnos un tema”, como dice Zatigüeya Joe, creen que el verdadero trabajo de un músico está en el directo y que “el tema de la grabación, la función que debe tener, y que tiene, y sobre todo en el extranjero se entiende más que aquí, porque ahora un grupo grande saca un disco y lo tienes en YouTube, subido por la propia discográfica al día siguiente, de forma gratuita. Las grabaciones son un panfleto para que la gente vaya al directo, en definitiva lo que tú quieres ver. Lo otro es simplemente para que lo conozcas y te llame la atención, el directo es donde un músico debe de trabajar y lo que de verdad debe estar pagado, no cobrarle a la gente 20 € por un cd para luego tocar gratis en un bar.” Además que saben que hoy en día, las discográficas optan por subir el disco a cualquier plataforma el mismo día del lanzamiento y que por lo tanto está perdiendo el sentido poner derechos de autor a algo que te pueden piratear al instante.

Tienen a los bilbaínos Dead Bronco -grupo con el que les gustaría compartir escenario-, como ejemplo de buen manejo de las redes sociales, a sabiendas que son más poderosas que una discográfica o un manager: “Empezamos a hablar en las redes sociales y tenemos muy buena relación. Ese grupo está ahora mismo petándolo, sale de gira por Europa y todo empezó porque grabaron un vídeo, se subió en internet, se movió y no llevan una discográfica detrás ni nada. Y están vendiendo hasta sus propias cervezas, La Bronca. Eso es la revolución que hemos tenido ahora con internet, yo diría que lo ha hecho todo más democrático, más al alcance de todos. Luego depende como lo gestiones tú. Nosotros los conciertos los hemos movido a través de internet.” A pesar de no haber corrido la misma suerte, y de que como afirma John Caverna “ellos tocan bien”, lo cierto es que Tábano no se puede quejar de aceptación en redes sociales, desde 2012 y moviéndose relativamente poco han conseguido asistencias más que aceptables a sus conciertos, sobre todo en Alcázar de San Juan donde aseguran que la gente se porta muy bien con ellos. Además nos cuentan que al abrir su página de Facebook consiguieron 300 me gustas en una hora, sin haber subido nada.

Música del pueblo

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Eso sí, se ponen serios, muy serios, al hablar de lo poco que se fomenta la música a través de las instituciones locales. Rubén recuerda cuando empezó con eso de la batería, cómo el Ayuntamiento de Alcázar les dejaba locales para que fuesen a tocar, pero con el tiempo los fueron cerrando: “Eso acabó y cada uno a buscarse la vida como ha podido, pagándote tu local de ensayo. Intentamos, hemos intentado a través de una asociación que montamos que al final como no te hacen caso desistes. Se intentó que por lo menos a nivel local vuelva a haber un interés por las bandas, a fomentar que los chavales toquen… pero nada, no hay. Luego a nivel de Castilla-La Mancha hay cosas interesantes como el Explosión Local de Ciudad Real. Pero al final por parte de la institución no hay ningún interés, todo lo que sale es por gusto de gente que lo hace por amor al arte, y ojalá cambiara la cosa.” Se quejan de la falta de interés por los grupos, por la cultura del propio pueblo, que cuando pretende hacer algo no se le toma tan en serio como alguien que viene de fuera: “Pretenden, -aquí en Alcázar sobre todo- que toques gratis en la feria de tu pueblo. Si vas a pedir dinero te miran y dicen: pero si tú eres del pueblo. Y vendiendo la noticia como un éxito… ¡Mira que tocan los chavales del pueblo!”.

Ven una solución sencilla, de base, que no es otra que regresar a esa idea de dejar locales a los chavales para que den rienda suelta a sus inquietudes, aunque aparezca el típico señor mayor que luego se queje del de los pelos largos que va a usar el local para fumar porros y beber: “Pero es tan sencillo como echar a ese chaval y traer a gente que de verdad le interese tocar ahí, y lo respeten. Si el problema no es quedarte en que unos se iban ahí a fumar porros, el problema es que eso tiene que estar para los chicos. Controlado de otra manera y ya está. Es el control, que no lo hay, y creo que debería ser casi obligatorio que casi todos los ayuntamientos lo tuvieran. Luego muy sencillo: mueve en tu pueblo que los grupos toquen, mueve en Castilla-La Mancha a los grupos locales… No te gastes 14.000 € en que venga Alaska. Gástate 1.500 €  y haces un festival de cuatro días con grupos de la zona.” Se quejan de la pasividad de los ayuntamientos, de ir casi siempre a lo fácil y gastarse un presupuesto entero en un pack de orquesta en vez de organizar a grupos que puedan ir a tocar, además de tirar más a lo comercial. “¿Qué da más publicidad? ¿Coger a cinco chavales del pueblo o traerte a Mario Vaquerizo? Da más publicidad decir que en Criptana se ha traído a Dinio, pero es que yo he traído a Vaquerizo. Es la reacción por parte de la gente también… ¡Pues vaya chavales que han traído aquí… en no sé dónde han traído… al Melendi!”, finaliza Jaime.

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Sucios, estúpidos, borrachos. Así son Tábano. De una fiesta granjera en el Suburbia, a tocar canciones para colegas. Sacándole provecho al banjo dando rienda suelta al género más entretenido del country americano. Mary sin ley escribiendo partituras que quedan en papel mojado por cerveza. Su deseo de volver a tocar en las fiestas de Guadalmez. Humor improvisado. Polvo, alcohol y también amor, mucho amor.

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