Muntz gana el Desafío de Bandas de Alfaro: así fue su primera experiencia en La Rioja

Mario, guitarrista de Muntz:

Sábado, 24 de junio. 11 de la mañana. Quedamos en el local para cargar equipo y equipaje. Como ya es habitual en cada uno de estos viajes, jugamos la tradicional partida de Tetris para no tener que dejar nada en tierra. El rock and roll también es esto. Conseguimos acabar la partida en algo menos de media hora –son ya 43 conciertos y estamos en nivel avanzado del juego- ponemos rumbo a Alfaro (La Rioja), donde esa misma noche participamos en la primera edición de Desafío de Bandas, un concurso-festival itinerante que recorre cada fin de semana distintos pueblos de la comunidad riojana. “Solo” nos separan 457 kilómetros, algo más de cuatro horas y media de carretera.

En el viaje hablamos hasta el desvarío y escuchamos algunos referentes (The Who, Led Zeppelin, Metallica, Rage Against The Machine, Weezer, Primal Scream, Interpol, Gojira, Toundra…) para digerir mejor tanto tiempo encerrados. En el ecuador del trayecto paramos en un pueblo perdido de Guadalajara en el que no conseguimos encontrar un bar en el que poder almorzar. Hay un extraño lugar a las afueras llamado ‘Nuevo Mirador’, con un coche desvalijado en la puerta y un letrero que reza “Abierto desde las 11. Llamar al timbre”. El sitio no tiene pinta de preparar bocadillos y nosotros valoramos nuestra vida: combo perfecto. Al final dimos con una tienda de ultramarinos de la que nos llevamos la última barra de pan.

Seguimos con la ruta y algo antes de las cinco de la tarde entramos, por fin, en Alfaro, con la habitual hora de retraso. Esto es, si cabe, más rock and roll que la partida de Tetris. El concierto es en la plaza principal, a la que intentamos acceder en coche por los cuatro costados, pero no hubo forma: los accesos estaban bloqueados por las terrazas de las calles aledañas. Después de veinte minutos no estábamos para tonterías, así que bajamos del coche y retiramos una de las terrazas de la calzada. Llegamos, seis horas después, a la plaza de Alfaro.

Aunque sobre el papel éramos los primeros en probar sonido, la tardanza hace que Nuc, grupo que también actuaba esa noche y más puntual que nosotros, ya está enchufando cables sobre el escenario. Mientras, nos reciben Iván y Eduardo, dos de los organizadores del evento, que nos recuerdan que tenemos acceso gratuito a la piscina municipal de Alfaro. Por supuesto, nadie se ha traído bañador ni toalla. No enterarse ni de la mitad de las cosas que pasan no es rock and roll, pero sí puro Muntz. Corrimos a buscar el bañador más barato de Alfaro y, antes de que Nuc acabara la prueba, ya lo teníamos. Costaron 4,5€ y son feos, pero sirven para que podamos refrescarnos sin que nos detengan por escándalo público. Gracias, bazar chino.

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Sobre las 18 horas llega nuestro turno para el soundcheck. Estar a cientos de kilómetros al norte de La Mancha no te libra del sol veraniego de primera hora de la tarde (sobre todo si está enfrente del escenario) y nos da pereza hasta montar todo el tinglado de pedales… Tanta que nos sonorizamos sin ellos. Hemos tenido pruebas mejores: el bombo de Carlos se mueve, el bajo de Alfonso no suena –su pila dijo ‘basta’- y el amplificador de Álvaro no se comporta como debería con las distorsiones. Mientras, yo (Mario) estoy flipando con cómo suena la pantalla ENGL que nos ha prestado Iván –gracias- y recibiendo miradas que se pueden resumir: “Para de hacer el capullo”. Una hora y muchos litros de sudor después, todo estaba listo para la noche.

Bajamos del escenario en búsqueda y captura de cerveza y en la barra conocemos a Saúl, también parte de la organización de Desafío de Bandas, que nos comenta que le ha molado lo poco que ha escuchado en la prueba de sonido –él también toca y lleva el mismo equipo que yo, Peavy ValveKing y Telecaster, la merienda de los campeones- y que había visto antes de venir el vídeo de Cyrano, uno de los temas de nuestro EP debut Hypna. Un encanto de tío. Esperamos unos minutos para que el puesto de comida abriera –no es que no hayamos olvidado comentar la comida, es que no hemos comido-, pero el calor nos puede y marchamos a la piscina equipados con nuestros bañadores low cost y sin toallas (no vamos tan sobrados de presupuesto), algo bastante alternativo, ya que es una alternativa a lo que se suele hacer: por eso es alternativo.

Tras el baño y secado natural a 25ºC en el atardecer riojano, comenzamos a pensar que eso de la resurrección igual no es tan invent como creíamos… Sobre todo después de probar los perritos calientes que nos tenían preparados (perdimos la cuenta de los que pudimos engullir). Pilas cargadas para lo que estaba por venir y darle al conejo de Duracell la lección de humildad de su vida. En estas conocemos a Víctor, presentador del evento y melómano admirable, al que le agradecemos que se ofreciera a vender nuestro merchandising de forma desinteresada.

Tocamos en tercer y último lugar y, si no nos falla la memoria, es la primera vez que subimos al escenario no solo puntuales, sino unos minutos antes de lo previsto (y con unas pequeñas gotas de lluvia). Esta noche probamos un nuevo setlist, tocamos por segunda vez una nueva canción -la estrenaremos a la vuelta de verano- y Carlos se viene tan arriba que sus platos acaban en el suelo antes de la primera pausa del concierto. Notamos que el concierto gusta a los asistentes y nos llevamos el premio del público –ya habíamos ganado la votación en Facebook– gracias a los votos de los asistentes. Aprovechamos para agradecer, también por aquí, a toda la gente que nos aguanta y apoya cada vez que les damos la turra para pedirles votos.

Bajamos del escenario e intercambiamos impresiones sobre el directo. Una mujer de mediana edad, suponemos que al vernos tan jovencitos, tuvo un instinto maternal de lo más raro y dio el consejo más bizarro que Muntz haya oído: “Speed antes que cocaína. Yo si tuviera hijos se lo diría”. No sabemos si le gustó el concierto. También se nos acercó un chaval de Alfaro que nos compra el disco para felicitarnos por nuestra música, a la vez que maldijo a la gente del pueblo por no haber acudido en mayor número a la cita. Nosotros ya estamos curados de espanto, la verdad, así que estábamos más que contentos con haber tocado y conocido la zona –y sus gentes-. También con que ya haya algunas copias de Hypna circulando por el norte. Pasamos lo que queda de noche hablando con los mencionados Saúl y Víctor, que nos dejaron anonadados por su nivel de pilotaje en esto de la música. No nos pudimos despedir de Víctor, quien creímos que se llamaba Miguel (!) hasta prácticamente la hora de irnos (cuando él ya no estaba). Puro Muntz de nuevo.

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La organización nos cedió esta caravana tan molona para pasar la noche en la plaza de Alfaro y, tras el desayuno, partimos de nuevo a tierras manchegas. Al llegar a Alcázar, habíamos pasado 10 de las últimas 30 horas en la carretera. Un auténtica paliza que se digiere a la perfección por toda la buena gente que hemos tenido la suerte de conocer en esta primera visita a La Rioja. Teníamos muy buenas referencias del norte y ha cumplido (con nota) las expectativas a todos los niveles, así que desde aquí solo podemos dar las gracias de nuevo a las personas –no hemos mencionado a todas las que son, pero ellas lo saben- que lo hicieron posible, y a las que le tomamos la palabra: volveremos muy pronto.

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