Noche en Babylon Festival: la mejor recibida veraniega

Como una canción de La Raíz, el pasado sábado el equipo de Compact Cheese pasó la noche en Babylon. Sudores fríos por los nervios, sudores no tan fríos por el sol que azotaba la Plaza de Toros que recogía el evento. A las siete de la tarde se abrían las puertas del espectáculo. Los jóvenes y no tan jóvenes se preparaban en los alrededores del recinto con litronas, mochilas y sonrisas nerviosas.

Con la acreditación ya en la muñeca saltamos al ruedo donde ya se escucha la majestuosidad de los tambores de las Sambas Colgadas de Cuenca. Como una formación romana la agrupación percusionista formaba para golpearnos al ritmo más movido. Un aperitivo musical perfecto antes de estrenar el escenario con la agrupación conquense de Xofoko.

La plaza se va llenando poco a poco y los asistentes disfrutan de la tarde de un sábado con amigos, risas y buena música. Los primeros stands de merchandashing se levantan perezosos entre los hierros que los apoyan. Las primeras bebidas se sirven, las primeras gargantas sufren el calor al cantar “Muerde a tu amo”.

Un espíritu reivindicativo que supieron aprovechar con su homenaje al punk más hardcore de Kalibre 12 y Kuero y un escenario que más tarde aprovecharon los propios organizadores del Babylon Festival para ofrecer directamente la fiesta.

La tarde comenzaba bajo el rock conquense de Xofoko y la ideología animalista de la banda. Una causa noble que abanderó los acordes punteados en aquella calurosa tarde conquense de junio.

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El sol, intimidado por el ánimo de aquella tarde de verano, se esconde tras las nubes cuando Fizzy Soup nos regala la banda sonora perfecta para un atardecer veraniego. Con mucho café y sin sopas en el cuerpo, la temperatura se rebaja. Por primera vez la plaza cambia los toros y dislumbra la llegada de los primeros lobos liderado por la gran bestia negra.

El grupo conquense aprovechó el momento para proyectar la fuerza de la única figura femenina que abordaría el festival conquense, la vocalista principal del grupo, Sonia. Agrupación que más tarde protagonizaría una versión de los The Subways con el tema de “Rock n´ roll queen” que ya vimos en la cinta de Guy Ritchie hace diez años.

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La gente sigue rellenando el recinto y las camisetas de Xofoco protagonizan la vestimenta natural de los asistentes. La seguridad comienza a no dar abasto y las pulseras distinguen entre organizadores, prensa, menores de edad y el resto de asistentes. El albero de la plaza comienza a empaparse con los primeros choques borrachos de los brindis a cubalitro.

Entre las mesas de mezcla “descansan” los técnicos de sonido que siguen con su jornada intensiva desde tempranas horas de la mañana. Un brindis más por ellos, eso sí, lejos del material técnico. El hambre acecha y la sed, saciada hace rato, sigue sobrepasando sus límites. Cae el manto negro de la noche en este junio conquense porque sí, en Cuenca aquella noche nos apoderamos hasta de los meses de verano.

La vendetta es un plato que se sirve frío y por eso esperó a la caída de la noche para salir al escenario. Mirándonos a los ojos (Begitara Begira) la agrupación navarra levantó por primera vez la tierra y nuestros pies del ruedo. La marcha norteña de Vendetta y el tremendo show que nos ofrecieron crearon una neblina de tierra que duraría hasta el final de la noche junto con Eskorzo. Los vientos del trombón de la banda refrescaban el ambiente y el “Pao pao pao” firmaba el conciertazo que se marcaron los navarros.

Llegaron las once de la noche y aparecían los primeros bocadillos. El festival daba descanso a los espectadores que se aglutinaba a los alrededores de la Plaza de Toros de Cuenca mientras escuchaba de nuevo la banda sonora de las Sambas Colgadas de Cuenca, esta vez enclavada en las gradas de forma sorpresiva. Los focos presentaban el ritmo más brasileño de la ciudad mientras rellenaba por completo el aforo.

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Los puños se alzaban con los primeros acordes y todos nos situábamos frente a la hoguera de los continentes, escuchando las historias que nos contaba el grupo frente al fuego pasionario de la música valenciana. Una música reivindicativa ni política ni ideológica, sino lúdica y diligente que nos daba la dosis nocturna para seguir viviendo.

La luna cambiaba el turno de guardia con el sol y se sentaba con el público a escuchar la lírica de La Raíz, disfrutando de la buena música y del granito de arena de cada uno de los once componentes del grupo. Rodaba la corona y los primeros asistentes afectados por la música, el ritmo y quizá sobre todo el alcohol acumulado.

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Caía la madrugada y la luna traía a un lobo viejo con ganas de seguir viviendo la música desde el corazón. Eskorzo pincelaba la vena artística del evento y nos hacía disfrutar a pesar del calor, cansancio y alcohol acumulado. El albero, como ya contábamos, seguía flotando sin descansar. El público no daba lugar ni tiempo para su descanso. Como un paraíso artificial donde ya no picaba el sol sino las rodillas que nos obligaba a regalar de vuelta el baile frenético de los ritmos de Toni Moreno.

Unas ganas de vivir y de disfrutar de las pequeñas cosas que culminaron por todo lo alto una quedada obligada para todos los amantes de las pequeñas y las grandes vivencias. Un festival que celebraba su segunda edición con nosotros; técnicos, miembros de grupos emblemáticos, público, equipo de seguridad y control, fans acérrimos y un recinto ferial que por primera vez en mucho tiempo rezumaba vida en vez de muerte.

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