Foxy Jam: el despertar de los sonidos olvidados

Manuel Sánchez a la armónica y voz, Germán Valle a la guitarra, Carlos Bueno al bajo, Raúl Poblete en los teclados y Miguel Ángel González a la batería son Foxy Jam, un grupo conquense -casi en su totalidad- que comparten la pasión por la música y la obsesión por las natillas con o sin galleta. De edades comprendidas entre los veintitantos y los cincuenta y tantos, se conforman con cenar unos huevos fritos antes de los conciertos. La rubia de ABBA entraba en alguno de sus sueños, ser vaquero, biólogo o astronauta. La madera, la fotografía, el cine, la bicicleta y la vida, son aficiones del grupo aparte de la música.

Esa misma afición y la necesidad de estar haciendo siempre algo, viniendo de otras bandas, les llevó a reunirse. Su nombre viene de la unión del lugar donde se conocieron, una jam session, y el animal que iba a visitarlos a una casa en el campo donde hicieron sus primeros ensayos: “Como somos bilingües dijimos: ¿por qué no llamarlo el Jam de la zona? Y dijimos: ¡Venga! ¡Foxy Jam! Porque al par de días estábamos ensayando y apareció la zorra.”

De la música afroamericana al blues pasando por el funky, sin pretensión de vivir de ello, tocan para pasarlo bien. Ponen en escena canciones legendarias del jazz y del blues, música universal que bien saben que perdurará a pesar de encontrarse en una especie de submundo. Los potentes circuitos de música negra de grandes ciudades como Madrid, donde se encuentran buenos músicos que luchan por ganarse 50 euros, no se prodigan ante la demanda de un público que no varía, mientras la escasa programación en los diferentes medios no hace más que generar indiferencia ante el público más general, que busca música fácil.

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Creen tener la capacidad creativa atrofiada, ese pequeño defecto o simplemente falta de tiempo para crear temas propios. Un estilo, además que no tiende sólo a la improvisación sino a la versión, donde es algo inusual encontrar grupos originales de música negra. Suelen tocar temas desconocidos para el público general, a sabiendas de que alguna que otra pieza típica puede salir de maravilla. Disfrutar tocando y elegir por sentimiento, y no por popularidad, son sus claves para que el show vaya a mejor.

Habituales del Estival Cuenca, donde este año tocaron por cuarta vez consecutiva, se sienten orgullosos de que sigan contando con ellos y de acompañar a grupos de la talla de Michael Olivera Group.

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