Caño-On 2017: música, cultura y feminismo

Apenas una hora de autobús para encontrarse con la música, la cultura y, este año también, el feminismo en el arte, y sin el arte. Algo que bien entrado el siglo XXI no debería hacer más que darse por obvio, y sin embargo el día a día nos recuerda que por desgracia sigue siendo necesaria esta reivindicación. De tal modo, no era descabellada la idea de colocar la imagen de la mujer en el propio cartel de la XII Edición del Caño-On. Y es que no era para menos, pues el fin de semana se presentaba repleto de voces femeninas, desde el Parque Ferial hasta el Centro Escénico San Isidro, situados a escasos minutos a pie.

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La ronda de conciertos comenzó no más tarde de las 22:00 h, en lo que el programa llamaba el “Concierto Al Fresco” del viernes subió al pequeño escenario el grupo conquense Zarandea, liderado por la voz y las cuerdas de Lara, quien junto a Carlos en el bajo y Chuti a la percusión, que tendrían doble trabajo, amenizaron el comienzo de la noche mientras el público escuchaba desde los asientos y algunos niños jugueteaban alrededor de los tablones.

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The Dawlins.

El country ibérico de los barrios míticos de Madrid subió al escenario taranconero de mano The Dawlins; Catalina a la voz y guitarra, Rosa al contrabajo y Ester a la batería, donde faltaba Carlota con su banjo, dejaron buenas dosis de su bluegrass con airecillos flamencos.

Tras el interludio, de nuevo con una sesión de beatbox electrónico de Jhana electrorganic sound, encargada de presentar a los grupos y que siempre se hacía corta, llegó el turno de Fizzy Soup. Imponentes frente al público, la voz de Sonia relumbró de entre las nubes de humo una vez más mientras tocaban todos esos temas tan característicos que los han encumbrado como una de las bandas más sonadas del panorama, elevándose con su “The Big Black Wolf”. Javi dando rienda suelta a su particular transformación sobre el teclado, y de nuevo la hora del bajo de Carlos y la batería de Chuti, que demuestran ser todoterrenos al enfrentarse a dos conciertos de estilos tan dispares en apenas un par de horas.

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Fizzy Soup.

Tras ellos, un grupo compuesto casi en su totalidad por mujeres, Tongo, que se hacía dueño del escenario en las horas más álgidas de la noche, con el público completamente a su favor, su mezcla de latin fusión, con mucho viento, no dejó que ni uno de los asistentes dejasen de moverse.

Al día siguiente, todavía era sábado, muchos ya lo habían respirado desde la madrugada amanecía tarde para algunos tantos. Poco antes de caer el sol, aún quedaban artistas con cajas de botes de spray retocando sus obras a lo largo de la avenida que separa las dos zonas de eventos. La exhibición de graffiti que había comenzado a las diez de aquella mañana aún se alargaría para muchos hasta bien entrada la madrugada.

Mientras tanto, al aire libre en el parque sonaba el grupo de la zona, El Sotanillo, compuesto actualmente por Beni Montalbán, Jose María Robres, Enrique Fernández, Francisco Magro y Antonio Rey, fundado allá por los ’70, animaron al público con versiones de clásicos como “El arriero” del cantautor mexicano Atahualpa Yupanqui, o temas de gran ironía como “El pepino de Huete”, también conocido por la zona conquense.

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Juanita Banana.

Y llegó el turno de abrir el escenario principal, justo tras su prueba de sonido las Juanita Banana salían al tablado con mucha energía a ritmo de surf rock muy potente, interpretando entre otros de sus temas y versiones una cover de “Surf Rider” de The Lively Ones, conocida por formar parte de la banda sonora de Pulp Fiction. El quinteto madrileño formado por Carla al saxo y la voz, Laura a la guitarra, Amalia al teclado, Arantxa al bajo y Carmen a la batería, vestidas de trogloditas vintage con rollito serie B, no aflojó el ritmo en ningún momento, culminando su actuación con la enérgica “Glutamato”.

Poco después, con permiso de la guitarra eléctrica y el fantástico beat box de Jhana, llegaría la delicada ironía de los inclasificables murcianos Jamones con Tacones, con los temas de su disco Lukin’ For The Fango, como “Mi Mongola Favorita”, “Ecosistema musical” o la misma que da título al álbum.

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The Clams.

Y como gran colofón entraron en escena, en el que era su segundo año en el festival, las madrileñas The Clams; sus ocho componentes, elegantemente vestidas como los viejos conjuntos de jazz y swing de los años 40 con cierto aire de rockeras, dieron rienda suelta al buen soul con temas de sus dos discos cantados en castellano, como “Vuelo sobre ti” o “Lengua de Tequila” además de versiones, como el “Hit the Road Jack” de Ray Charles o el “Hard to Handle” de Otis Redding.

Así se despidió el Caño-On 2017, un festival que apuesta por la buena música, la cultura y el arte, sin que la mano del dólar pueda ensuciar su nombre. El arte por el arte. Reivindicando de forma natural el papel de la mujer en la cultura, dejando simplemente que la música fluya por los oídos de quienes saben apreciar acordes sin importar de dónde vienen mientras sean auténticos.

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