51 Grados: el lado íntimo del hard rock

Mediodía en el Festival Zeporock con un sol de justicia, poco antes de comer y con el resto de grupos por los alrededores y las pruebas de sonido como banda sonora, pudimos hablar con Carlos, Rodrigo e Iván, componentes de la banda madrileña 51 Grados. Un grupo que conoció al mánager de Michael Jackson en Zaragoza, como a toda esa gente maravillosa harta de locura a la que encuentras en la noche o viéndose cenando lentejas frías a las tres de la madrugada en Valencia, brindando con Jim Beam. Un grupo maduro, joven por dentro como los grandes artistas; irónicos y con mucho sentido del humor a pesar de lo que luego dicten la furia de sus letras, críticos y sin pelos en la lengua. El Nevermind de Nirvana, Ok Computer de Radiohead y Grace de Jeff Buckley, sus álbumes predilectos. No son grupo de foto y postureo, les mueve más tocar, y piensan que las redes sociales son “un invento de Satán para tocarles los cojones”. Les gustan el chuletón, los animales y las chuches; odian la prueba de sonido, el calor y la coliflor. Y entre sus artistas preferidos Ricky Martin, Julio Iglesias y Jean Claude Van Damme.

Con el número 51 en todas partes, como una obsesión que les trae suerte, hijos del rock anglosajón noventero definen su sonido como fuerza contundencia y rabia con todas sus intensidades o “¡La hostia!”, como remarca el batería del grupo, Rodrigo. El Hard Rock en el ADN, lo que han mamado desde siempre, lo que les mueve y lo que les pone. Aunque también forma parte de su estilo la delicadeza, cuando hace falta: “También sabemos hacer música para hacer el amor”, nos dice Iván. “La historia es llevar toda la vida escuchando un tipo de música. Lo llevas dentro y te sale de manera natural. Lo otro son artificios”.

Un género de tradición anglosajona que sin embargo llevan al castellano, “un enfoque llevándolo al rollo inglés pero en castellano. Es complicado a veces, pero mola que entienda la gente lo que cantas. Está bien el inglés pero no es nuestro idioma”, nos explica el vocalista y guitarra Carlos. A pesar de saber que el inglés es más melodioso a la hora de hilar, al acabar muchas frases en vocal, el castellano es la mejor fórmula de llegar al público que tienen a su alrededor, además de con su contundente sonido. “Es jodido, porque los ingleses al acabar mucho en vocal es más fácil hilar las cosas, tienen cosas que significan mucho en poquitas frases… en castellano tienes que trabajar mucho para poder sintetizar de alguna manera.”

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Carlos, voz y guitarra de la banda.

Porque aunque comenzaron cantando en inglés y reconocen que sus composiciones comienzan en muchas ocasiones con líneas de voz a base de “gachugueises”,  no le ven demasiado sentido a usar un idioma que no es el propio: “Buscar la línea melódica primero y cuando tienes la idea de lo que quieres cantar con la voz lo traspaso al castellano. Me estoy una temporada asqueado en mi casa y ya está. Yo lo que hago por ejemplo, canto en gachuguei, como lo hacen aquí todos en España cuando cantan en inglés y luego de ahí fabrico las letras para darle el deje ese de fuera, no caer en la trampa. Lo jodido del castellano es que la gente te entiende, ahí te estás mostrando, lo que cantas, lo que expresas, donde quieres ir. El productor Ross Robinson, que ha trabajado con Korn… hasta Berri Txarrak aquí en España lo decía… no hay cosa que peor odie él que ver a grupos no anglosajones cantando en inglés, porque es como cuando nosotros escuchamos un grupo inglés cantando en castellano. Nosotros empezamos en inglés, pero creo que estamos en España y nuestro campo de batalla es España”, concluye Carlos.

Su proceso creativo va de buscar un ritmo de batería, una improvisación de bajo hasta dar con una canción que puede salir de golpe o tardar algún mes en dar con la clave: “Al final lo que manda, la línea es la voz de Carlos, cómo la arreglamos, por supuesto, dinámicas. Cuidamos mucho las dinámicas dentro del grupo, que es lo que al final atrapa a la gente; estar arriba, bajar abajo… es algo que mantiene la atención”, nos comenta Rodrigo.

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Rodrigo, batería del grupo.

A pesar de saber que es algo complicado y que aún no han dado el salto definitivo, no se ven fuera del mundo de la música, su mundo al fin y al cabo: “La historia es que esto al final quema mucho, llega a cansar al final, son muchas horas de tu vida estudiando, ensayando, yéndote a tocar a tomar por culo… pero que te lo quiten, ¿sabes? Que te lo quiten. Un día por ejemplo, mañana resulta que ensayamos todos los días, salvo lunes y jueves. El lunes te levantas por la mañana, te vas a trabajar y piensas y dices: ¿Qué voy a hacer hoy?”, como nos cuenta el bajista Iván. Y es que saben que no podrían vivir sin ello, ese amor que mueve al músico, como en cualquier otra faceta, hacer las cosas porque te gustan y luchar por ellas, y después poder vivir de ello.

Tras una maqueta en 2010, llegó La conjunción de los opuestos en 2013, dos años después el el EP Miedo y ahora regresan con un nuevo disco del que publicaban hace unos meses dos adelantos, “Objetos perdidos” y “Desconexión”, además de poder ofrecer a su público en sus conciertos buena parte del track: “El disco nuevo que vamos a sacar el 12 de septiembre, va a ser un disco potente que te cagas”, nos cuenta Carlos. Un disco más melódico y trabajado que sus anteriores discos: “De estilo va a ser lo mismo, pero mucho más trabajado, mucho más en nuestro sitio.”

Un grupo que sueña con tocar en el Azkena y que tiene a Berri Txarrak y Havalina como referentes nacionales; unos, los vascos, por el ejemplo de trabajo: “Veinte años tocando, cantando en vasco con lo complicado que es, con todas las connotaciones que conlleva ser vasco y me parece que han conseguido lo que nadie se podría imaginar” como nos cuenta Carlos. Los otros, madrileños Havalina “como el planteamiento que tiene de la visibilidad de una banda con las redes y con todo es más de primero crear el precinto y luego olvidarse qué hay dentro del regalo.”

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El bajista, Iván.

En cuanto a promover la cultura y el favorecimiento del impulso de la música por parte de los gobiernos, la banda habla claro: “La historia es el gobierno tiene la cultura a la que le pone un impuesto de lujo. Es decir, tienes el mismo impuesto de IVA para comprar un libro que para comprar un bote de caviar, entonces al gobierno, por mi experiencia o por lo que veo, no le interesa que la gente sea culta”, nos dice Iván. “Simplemente muchas veces, en la música pasa, te tendría que haber unas leyes, que sea todo legal y no como estamos todos, que cobramos en negro, cobramos una mierda, cobramos una puta mierda como muchas otras veces que no cobramos nada, pero es una putada porque si te das de alta te tienes que hace autónomo, todos tenemos un trabajo. Al final es la pescadilla que se muerde la cola, hasta que no se regle eso, como pasaba en Francia, que siempre lo pongo de ejemplo. Como músico tú estás en el paro, tú cobras una ayuda del Estado, me parece que eran más 80 conciertos al año”, comenta Carlos, y por ello invitan al gobierno “a irse a pescar, en una barca con agujeros, y que el mar decida”.

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