Charcones Fest 2017: una buena mezcla alternativa en la noche de Miguel Esteban

Pizza y hamburguesa, una cena quizás demasiado americana para acudir a la segunda edición del Charcones Fest en la localidad toledana de Miguel Esteban. Un detalle sin importancia, puesto que nos encontrábamos en un escenario donde la anarquía, la mezcla de géneros alternativos y la (des)organización del festival daba pie a huir de lo establecido, la música como libertad. En un ambiente manchego, sobre la Pradera de San Isidro situada a pocos kilómetros de la localidad, entre molinos, cerveza barata, cartones manufacturados que hacían las veces de carteles agujereados, venta de “tikets” y demás parafernalia tirando a lo punk, brindaban un homenaje a media luz a la antiestética.

Entre el público, caras conocidas, como algunos de los miembros de los alcazareños Tábano (Alberto a.k.a. John Caverna, Pablo a.k.a. Billy Gunn y Rubén a.k.a. Zarigüeya Joe) y el ex guitarrista de Muntz, Mario Escribano. Sobre el escenario pasarían del rock nacional a la mezcla explosiva de géneros entre el rock y la rumba, el punk, el hardcore y el folk melódico en una acertada elección de grupos con los que se hace visible la variedad de estilos dentro de lo alternativo, algo evidente que sin embargo a veces confunde. Tres castellanomanchegos y dos madrileños serían los encargados de dar la nota a la noche migueleta.

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Los chicos de Falo Duz en su última actuación.

La lata, burbujeante y bien fresquita, la abriría el grupo de Herencia (Ciudad Real), Yeska con su rock patrio y pegadizo, demostrando que el género debe seguir vivo. Con las canciones de sus versos zurdos y una cover del “These boots are made for walkin’” de Nancy Sinatra, interpretada por una voz femenina, amiga de la banda, que subió al escenario para nuestra sorpresa. Buena dosis de ritmos rockeros, desde su “Cruce de caminos”, pasando por el “Cabaret de damas libres” hasta esos “Chicos del barrio”, para dar paso al hardcore de Falo Duz. El grupo engendrado en la misma localidad de Miguel Esteban y (des)organizadores del festival que, como ya habían anunciado, se despedían de los escenarios tras este concierto, y lo hicieron notar. La banda se dejó el sudor (“de pota”, como dice su canción) sobre la “Moketa” en la que no faltó su “Josefa la oscura” ni el “Espetec”, donde el público más punkarra no dudó ponerse al poguear. Cerrando su actuación, y por el momento su carrera, con la versión del sketch Muchachada Nui, “Hijo de puta hay que decirlo más”.

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Patricia San Martín, violinsta de Celtibeerian

Sin tiempo que perder, los ciudadrealeños Celtibeerian siguieron caldeando el ambiente con su potente folk metal y una cuidada puesta en escena. El violín de Patricia, única representación femenina del evento, y la gaita de “Dagda” se hicieron protagonistas de la actuación, a pesar del desliz de la violinista que, por un instante, creyó estar dando un concierto en Almansa ante un público que ironizó sobre la anécdota. La poderosa música celta de la agrupación hizo vibrar al público, incluidos algunos niños que había entre los asistentes, con los temas de su Keltorevolution hasta “The Wolf I Am”, adelanto de su próximo disco que saldrá el próximo 1 de septiembre, Deiwos.

Entrada la madrugada, llegaba el turno de “esa gente rara que había venido a tocar aquí”, como dijo el vocalista de la banda Afilador, Héctor, antes de comenzar a tocar, agradeciendo también la oportunidad y la hospitalidad de los (des)organizadores. Así, el grupo madrileño dio una buena lección de sus frenéticos ritmos post-punk, “bailables que no de baile” como bien admitía el vocalista cuando tuvimos la oportunidad de hablar con ellos unas horas antes. El imponente bajo de Nacho, la acelerada batería de Adolfo y la chillona guitarra de Héctor pusieron el broche de ese ruido visceral, intencionado y bien colocado, que rasgaba aún más la noche.

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Mario Boville, voz y guitarra de Alpargata, sintiendo la música.

El humor, la teatralidad y la fusión de géneros de los también madrileños Alpargata, que pusieron el punto final y al público más en pie si cabe. Con su “Chotis fusión”, y dejando claro con mucha ironía de donde vienen consiguieron atrapar a las aproximadamente 300 personas que se habían dado cita en la pradera manchega. En tierra de Cervantes y aficionados a la literatura del XIX, como bien recalcaban, se marcaron un concierto lleno de risas y bailes. Y no era tanto la culpa de la bien entrada hora, ni de que la gente tuviese (que tenía) la ebriedad a flor de piel, sino que la banda supo ganarse al público interactuando y tocando esas buenas mezclas rock y rumba con cambios de ritmo muy acertados. Y, por supuesto, una emotiva despedida en la que el batería, Jorge, se lanzó a cantar el “No te fallaré” de la mítica serie noventera “Compañeros”, dando gracias a Quimi y a Valle por haber hecho mejores personas a una generación de jóvenes.

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