Antonio Orozco se lleva pequeños grandes pedacitos de Cuenca

Al concierto “del Orozco”, como bien decía la gente que merodeaba la zona, asistieron algo más de dos mil personas. Un público que se mantuvo durante las más de dos horas de actuación con las manos en el aire y coreando cada estribillo. Y es que en cuanto el artista catalán puso los pies, y la voz, sobre el escenario del antiguo Serranía, se metió al público en el bolsillo, dejando en varias ocasiones que fuese el respetable, completamente entregado, el que cantase gran parte del repertorio ante la mirada emocionada del intérprete.

Agradecido de estar en Cuenca, a la que prometió siempre volver, se lanzó a cantar sus temas “Pídeme”, de su último disco Destino, y “El viaje”, de esa Semilla de silencio de 2001, levantando al público de emoción con “Por pedir pedí”, también de su último LP, no sin antes advertir de los tiempos difíciles y de cómo salir de ellos.

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Orozco durante su actuación.

Pero antes de que los asistentes pudiesen venirse abajo, comenzó el famoso “Devuélveme la vida”, que cantaba con Malú en el disco de la madrileña Otra piel en 2003, con el que recorría el escenario de lado a lado, queriendo tocar a la gente. Rematando esta parte del concierto con un tema que iba como anillo al dedo para la ocasión, “Tembando”, de sus Dos orillas de 2013.

Después de un interludio a ritmo del “Seven Nation Army” de The White Stripes, y el “lo lo lo lo lo” del público, quiso volver a agradecer a los conquenses la calurosa acogida. Un momento algo tenso cuando le salió un poco intencionado “casas colgantes”, que parte del público silbó. A pesar de ello, Orozco se vino arriba con la presentación de la banda, casi a modo de rap. Desde el guitarrista John Caballés venido de Los Angeles “que no habla ni gota de español” y que saludó con un potente “¡Hello, Cuenca!”, hasta el bajo zurdo “el gorras que huele a marrón”, Jordi Franco, pasando por su hermano Marcos, a la batería, y “el mejor guitarrista” como era Pedro Javier Hermosilla. Y así, con la vuelta al “Seven Nation Army”, parecía despedirse tras tocar “Pedacitos de ti”.

 

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Parte de la primera fila de el público que se reunió para ver al cantante catalán.

Focos fuera y unos cinco minutos a oscuras con el público encendido a grito de “¡Otra, otra!”. Y se hizo esperar, pero con las notas de un piano Antonio Orozco regresó al escenario haciendo un llamamiento de ayuda para la cura de niños con cáncer.

Tras el emotivo momento, serían varios bises antes de dar por concluido el espectáculo. Así cada una de ellas fue como un final: comenzando con “Mi héroe”, de su último trabajo, continuando con su famosa “Lo que tu quieras que soy”, de aquel El principio del comienzo de 2004, hasta cerrar, de nuevo pero esta vez casi en solitario y guitarra en mano, con “Devuélveme la vida”.

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