Rufus T. Firefly presenta en la Sala Caribou de Albacete su “Magnolia”

Poco más de medio metro separaba la tarima de la punta de los zapatos de la primera fila del público. En pie, apelotonados, sin demasiado espacio entre codo y codo, la Sala Caribou de Albacete esperaba la que iba a ser la segunda incursión en tierras manchegas de Rufus T. Firefly en su gira presentación de su quinto trabajo, Magnolia; inspirado en todos esos discos que son como pequeños viajes. Víctor, Julia, Carlos, Rodrigo y Miguel se hacían esperar, aunque no de manera intencionada puesto que se encontraban a la vista y a escasos pasos de su escenario, concentrados en el reservado.

La caja de pedales de distorsión, al tiempo que los relojes marcaban casi las veintitrés horas, era la única parte iluminada del escenario. La atmósfera se hacía más oscura cuando comenzó a sonar el sintetizador y la potente entrada, a fuerza de la batería de Julia, culminado con el riff de guitarra de “Tsukamori”, uno de los temas de ese nuevo álbum. El rock psicodélico “bajo el manto negro de la noche”, que tan bien representa a la banda madrileña inundó la sala desde aquel momento.

Julia Martín-Maestro, batería del grupo, en un momento del concierto.

El lirismo en clave de ciencia-ficción continuó con su propio “Halcón Milenario” o ese “extraño caleidoscopio de colores imposibles” que daban pie al “Problemático Winston Smith” de su LP de 2014 Nueve, “nuevo contexto de calma ficticia” en homenaje al protagonista de la novela de George Orwell. De ahí, tras el prólogo en forma de notas, continuó el enrarecido y oscuro ambiente donde la explosiva luz la ponía la música, y “la Luna crece atada a una cadena oxidada”, como decía “-O-“, la canción a golpe de dardos envenenados que proseguía con el concierto de los de Aranjuez, que tenían al público completamente entregado.

El murmullo de cuerdas y teclas, y el eco de la batería se entremezclaban en otro de los temas de su disco Nueve: “Midori”, punto de inflexión en el que los asistentes y la banda parecían entrar más en conexión con los rugidos de guitarra finales. Con “Espectro” y “Cisne Negro”, se confirmó el alma de banda sonora cinematográfica de Rufus T. Firefly, “como una especie de Norman Bates” iba in crescendo dando paso a su “Última noche en La Tierra, en forma de señales de timbre mientras el público “bailaba descalzo en medio de la tempestad”. No parecían estar en ningún momento “a mil jodidas leguas de estar bien” cuando sonaron los primeros acordes de “Pulp Fiction”, continuando después con otro de los temas incluidos en su LP Nueve como es “Pompeya”.

Rufus T. Firefly sobre el escenario de la Sala Caribou.

Y así, Víctor anunciaba el desenlace, que sin ningún bis logró de igual forma el entusiasmo de la gente gracias a la explosión enérgica de otros tres temas que pertenecen al último trabajo del grupo. Abriendo con “Nebulosa Jade” y el cameo de Arya Stark, la psicodelia noise de la canción que da título al disco, “Magnolia“, y finalizando con la que es quizás al apuesta más rockera del LP, “Rio Wolf”. Así, de entre niebla y dientes de león, concluyó la actuación no sin antes agradecer al público todo el amor recibido y a la sala por ofrecerles un espacio donde poder ofrecer su música.

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