¿Cuánto vale la música?

Cada vez es más fácil acceder al contenido musical de artistas conocidos y no tan conocidos. La eclosión de las redes sociales ha generado que el acceso a la música sea más inmediato y en muchos casos se obvia el trabajo que hay detrás de que cada clic a la hora de reproducir una canción.

Hace años era tremendamente difícil acceder a la música si no era a través de radios especializadas, tiendas que te sacaban un riñón para poder conseguir un disco de importación de tu artista favorito o gracias a un afortunado amigo que había conseguido ese esperado disco y te lo había prestado para disfrutarlo. Era indescriptible el momento en el que acudías al kiosko a comprar la revista mensual especializada en tu música favorita que, además, ¡traía un póster de tus ídolos!

Qué raro parece todo esto en esta época, ¿verdad? Hoy en día tenemos al alcance de un clic la información más relevante de nuestros artistas favoritos. La música en streaming en las plataformas digitales o, si queremos tenerla en formato físico, podemos descargarla y grabarla de mil formas. Es más, podemos contactar con estos ídolos y entablar una conversación a través de las redes sociales.

Por eso, quizás, da la sensación de que el valor de la música se ha reducido por la ausencia de esfuerzo a la hora de poder consumirla. Algo que se podría extender a la inmensa mayoría de vertientes del entretenimiento audiovisual.

Atraídos por la facilidad, no sólo de llegar a oídos desconocidos, sino también de producir un trabajo sonoro a un coste infinitamente inferior al de generaciones anteriores, con una calidad sonora infinitamente superior, muchos grupos noveles se lanzan a un mar de esperanzas con el sueño de poder ser como esas estrellas a las que admiraban. Ese codiciado afán de poder vivir como ellos: de la música y la farándula sin preguntarse si quiera qué es lo que intentan aportar.

Por eso, hoy en día, tenemos una infinidad de grupos abocados a la indiferencia. Grupos de muchísima calidad musical que pasan desapercibidos en ese mar plagado de mediocridad. Artistas con la única intención de transmitir unos sentimientos a través de unos acordes que quedan enmudecidos por las voces del mercadillo en el que cada uno se intenta vender al mejor postor en ofertas imposibles.

Al igual que el acceso a la música es inmediato, muchos grupos creen que es inmediato el alcanzar “la cumbre” sólo por el mero hecho de haber sacado un disco. Pero lo cierto es que la demanda de música no cubre ni de lejos la infinita oferta de la que disponemos. Miles de artistas nuevos, algunos de calidad impresionante, surgen cada día queriendo aportar su granito de arena y tienen que luchar con los que, sin haber conseguido sacar la cabeza, siguen en batalla por un hueco con los que ya lo consiguieron y que siguen luchando por mantenerlo. Esos ídolos que siguen al pie del cañón arrastrando cada vez más público y con mil y un lances que van mermando tu autoestima y tus fuerzas para seguir adelante.

Por otro lado tenemos al público, saturado con tanta novedad y que no quiere esforzarse por conocer cosas nuevas. Quiere disfrutar de lo que ya conoce, sólo hay que echar un vistazo a lo más exitoso del panorama musical: los mismos acordes y estructuras una y otra vez, con las mismas temáticas y los mismos ritmos. O viejas glorias que siguen viviendo a costa de sus éxitos pasados y que, si fuesen uno de esos grupos que intentan salir hoy en día, estarían abocados al fracaso.

Y al final lo que tenemos son grupos tributo o de versiones que generan dinero fácil dándole a la gente lo que quiere oír. O los típicos que cantan a lo bonito que es el amor, utilizando sistemáticamente la misma estructura que lleva funcionando 30 años. O las tendencias de canción del verano que son los mismos 4 acordes, con el mismo ritmo y prácticamente las mismas melodías vocales… Sin mencionar los programas denominados “Talent Shows” donde el “talent” queda ensombrecido total y absolutamente por el “show”. Una prueba más de la búsqueda de atajos e inmediatez desde el ámbito del artista.

Y es que con tal de asomar la cabeza muchos son capaces de todo, como de creerse las promesas de aquellos que afirman que pueden llevarlos a lo más alto y que pueden ayudarles a cumplir su sueño.

Muchos achacan estos problemas a una falta de cultura musical. Yo creo que todos somos un poco culpables. Se ha intentado comercializar con la música en particular y con el arte en concreto cuando son disciplinas que no tienen precio. Por muchas etiquetas que la industria, la sociedad o los oyentes traten de ponerle, la música es algo intangible, efímero, volátil… y eso es lo que le da la belleza que tiene. Por mucho que esas hienas se esfuercen en obtener su parte del botín, fabricando “artistas” clónicos, siempre habrá alguien creando por amor al arte.

Yo creo que, por mucho que lo intenten, nunca dejará de haber música. Siempre habrá algún músico vomitando sus emociones en el metro, o en un local de ensayo, o en un garito de mala muerte. Pero más importante, siempre habrá alguien que se parará a escucharlo.

 

 

por Joserra Ruiz

@joserracursed

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