Raúl Martín, bajista de Subterráneo: “La música acaba saliendo siempre a flote”

Dos de diciembre de 2017. La sala The Times de Toledo celebra una jornada histórica para el heavy metal toledano y regional. Subterráneo presenta su segundo disco: Siempre solo. Podría ser la presentación de un disco más, pero no. Este disco es especial, y este grupo no pasaría desapercibido. Han tenido que pasar 25 años para que éste trabajo pudiera superar los vaivenes del mercado y la industria musical y salir, por fin, a la luz. Es un disco que culmina la historia de una banda que marcó una época, finalizando así un capítulo inacabado para el heavy-metal de Castilla-La Mancha.

Uno de los protagonistas de esta historia es Raúl Martín, bajista de Subterráneo y actual componente de grupos tributo como Fitipaldix. En ésta entrevista realizada en La Pasarela de Toledo, Martín explica a Compact Cheese cómo aquel grupo formado por estudiantes consiguió, como una estrella fugaz, dejar su huella en la historia del rock duro español gracias a su fuerza e ilusión por la música.

Los componentes de Subterráneo posan para la portada de “Toledo”
Fotografía cedida por Raúl Martín

Subterráneo fue un grupo de heavy-metal que marcó una época en la región y en la historia del rock duro estatal. Un grupo de jóvenes estudiantes de Toledo llegaron a grabar dos discos, Toledo y Siempre sólo, entre los años 1986 y 1994, tiempo en el que la banda desarrolló su corta pero intensa historia. Con ese sonido a Asfalto, Obús, Ñu o Barón Rojo, tan característico de ésta parte de la historia de la música española, César Mendoza (guitarra), Antonio Quintana (guitarra), Ángel Pérez (voz), Raúl Martín (bajo) y Fernando Vargas (batería) comenzaron a componer canciones, hablando de su tiempo, de su ciudad, Toledo, y de las ansias de libertad que la juventud de aquella época aún necesitaba reivindicar a finales de los años 1980.

Con esa formación original, consiguieron grabar su primer disco, Toledo, en el año 1986, con el sello barcelonés Divucsa.

Fue una historia intensa, porque en un corto periodo de tiempo, Subterráneo se hizo un hueco en la escena del rock estatal presentando un trabajo potente que llegó a convertirse en uno de los discos más deseados por los coleccionistas. En Internet han quedado algunos rastros de aquella historia. Reseñas como las firmadas por David Esquitino o Paco de la Torre analizan, en diferentes blogs, como Revolution R’ñ`Roll, las características de este grupo. Todas coinciden en que “Toledo”, tema homónimo de su primer disco, fue una de las canciones de la banda más aclamadas por la crítica. Un tema que dejó su impronta en el público del momento, tal y como aseguran esas reseñas.

El nacimiento de Subterráneo

Para Raúl Martín, rememorar la historia de Subterráneo significa reunirse con los antiguos compañeros del grupo, algunos con los que no se veía desde hacía años, desde la disolución de la banda en algunos casos. “Éste grupo se formó gracias a un maestro de inglés que fue buscando por los institutos de Toledo a la gente que pensaba que era la más idónea para formar un grupo”, comenta Martín.

Éste maestro fue el primer bajista de Subterráneo. El grupo comenzó haciendo versiones de Asfalto, o Barón Rojo, entre otros. Cuando se fue aquel profesor, entró Raúl Martín al grupo y empezaron a plantearse “hacer canciones propias”. La formación del grupo fue gracias a este maestro, a pesar de que los componentes ya se conocían entre sí, como vecinos del barrio de Las Malvinas o compañeros de instituto. La historia de Subterráneo comienza, pues, entre finales del año 1985 y principios de 1986. Tan sólo un año después, en 1987, ya grabaron su primer disco, Toledo, por lo que Subterráneo fue un grupo “bastante precoz”, apunta Martín.

Éramos críos -comenta el bajista-. Algunos menores de edad”. Unos chavales que se fueron a grabar un disco a Barcelona, sin haber salido “apenas de su barrio” y sin haber “pisado un estudio de grabación”. De pronto, se vieron “autoproduciendo sus propias canciones”. Martín recuerda ahora aquella hazaña con la perspectiva de un músico veterano y le parece “imposible” que llegaran a hacerlo siendo “menores de edad”, especialmente porque aquel primer trabajo discográfico llegó a ser “el disco más cotizado del rock español en aquellos años, cuyo precio en subastas ronda entre los 600 y los 800 euros”, asegura Martín.

Subterráneo, en directo, en el polígono de Toledo en el año 1991
Fotografía cedida por Raúl Martín

En aquella época era superdifícil grabar un disco”, recuerda Martín. “Había muy pocos grupos que pudieran hacerlo. Había que gastarse mucho dinero, meterse en el estudio y autoproducirlo, porque pagar a un productor habría sido mucho más caro”, indica.

En la región ya hubo otros artistas que consiguieron sobresalir en aquellos años 80 del siglo XX, grabando sus propios discos (dejando a artistas hiperconsolidados como Jose Luis Perales a parte). El pecho de Andy “ya grabó un disco por aquellos años, entre otros grupos. Pero ninguno como nosotros”, apunta Martín.

Y, ¿cómo lo consiguieron? ¿Qué fue lo que llevo a aquellos “críos” a grabar uno de los discos más “cotizados” de la historia del heavy-metal español? Raúl Martín explica que lo consiguieron “por casualidad”. Gracias, en gran parte, a que “el productor ejecutivo, moviendo la maqueta de Subterráneo, logró el interés de Divucsa, que se interesó y apostó por Subterráneo”, llevándoles a Barcelona, para grabar aquel disco.

La interrupción militar y la crisis del rock duro

Raúl Martín bajista de Subterráneo durante una actuación
Fotografía cedida por Raúl Martín

Después de entrar en la historia del rock español, llegan los años 90, “una época complicada” para los componentes de la banda. El servicio militar obligatorio repartió a los componentes por diferentes cuarteles militares de la geografía española y “fue difícil volver a conectar”. Pero volvieron al “sendero adecuado” tras algún cambio de formación en varias ocasiones hasta que entró Javier González, que se incorporó a la banda sustituyendo a Fernando Vargas en la batería. Ahora, el objetivo era volver a grabar un disco mejorando los detalles que quedaron por pulir en su primer trabajo. Empezaron a dar conciertos con los que recaudar dinero y financiar esa grabación del segundo disco de Subterráneo.

Subterráneo ya volvía a estar en marcha. Tras muchos ensayos, composiciones, conciertos e invertir muchas horas y esfuerzo colectivo, Siempre solo empieza a gestarse entorno al año 1992. El disco iba a grabarse en la compañía Madrid Récords, de El Pirata, aunque aquella grabación no pudo llevarse a cabo porque aquella discográfica no llegó a constituirse por la marcha del conocido locutor de radio a Estados Unidos.

Por otro lado, el cambio de década también trae la disolución de muchas de las bandas que marcaron tendencia en el heavy metal estatal de los años 80 (aunque algunas de ellas regresarían años después, como es el caso de Asfalto, entre otras). “Fueron años muy duros para el rock español” recuerda Raúl, ya que “desapareció el movimiento heavy en España”.

Las razones de aquel final de ciclo son varias. Por un lado, “empezaron a salir otros grupos y estilos” y las emisoras y las casas discográficas “dejaron de apostar por el rock duro”. Todas esas circunstancias llevaron a la desaparición de muchos grupos, “entre ellos nosotros”, explica Martín: “El futuro del heavy en España era cero. No había salas donde tocar y se hacía muy complicado”.

El final de Subterráneo y la publicación de Siempre solo en 2017

“Un día nos juntamos en el local y decidimos disolver el grupo. Teníamos el disco prácticamente grabado, pero no había oportunidad para darle salida, dentro de ese panorama de crisis del rock duro español. Cuando llegó el momento, se fue apagdo la luz y fue fácil apagarla. No fue un día triste ni decepcionante, fue un día normal en el que constatamos que el final estaba cerca”.Raúl Martín, bajista de Subterráneo

De esa manera, tal y como lo narra Raúl Martín, Subterráneo pone punto y final a su historia. Una historia marcada por el orgullo de haber construido una banda muy prometedora que logró grandes hazañas a pesar de la inexperiencia de los componentes y la rapidez de los acontecimientos.

Pero el contexto ya no era el idóneo y, a pesar de tener su segundo disco listo para salir a la luz, el mercado, la industria, los medios de comunicación, el público, ellos mismos y las escasas posibilidades de financiación con las que podía contar un grupo musical a principios de los años noventa (sin el apoyo de un gran mecenas detrás) llevaron a los componentes de Subterráneo a terminar con el proyecto: “Nos sentó muy mal a la banda no poder editar ese disco, que nos costó mucho dinero y muchos días de ensayo poder grabarlo” comenta Raúl.

Durante 25 años tuvieron la intención de editar aquel disco que tenían guardado en el cajón. No se planteaban volver como grupo, pero sí editarlo y publicarlo. “Lo hemos intentado varias veces con varios sellos discográficos. No nos poníamos de acuerdo con ninguno y fue pasando el tiempo. 25 años después ya no podíamos dejar pasar la última oportunidad que se nos presentó, gracias a Javier Perea”, antiguo mánager de Subterráneo, y uno de los principales responsables de que el disco que se presentó en la sala The Times de Toledo el pasado dos de diciembre de 2017 pudiera llegar al público.

En este disco se incluyen otros materiales, además de las canciones del Siempre Solo original. Maquetas de temas inéditos, fotografías y más de dos horas de vídeo son las pruebas documentales que ponen en valor la historia de este grupo de heavy-metal que llevó a Toledo y a Castilla-La Mancha a lo más alto de la escena musical española.

Imposible dejar la música

Aunque Subterráneo acabara su historia, los componentes de este grupo nunca han dejado de estar vinculados a la música de alguna u otra forma. “La música es una enfermedad crónica”, explica Raúl Martín. Realmente, “todos los componentes hemos seguido haciendo música de una manera o de otra” añade.

César estuvo con Humo Sapiens, yo con Manos Amarillas y Fitipaldix, Quintana en un estudio de grabación, Angelito hizo un grupo tributo y algunas canciones por su cuenta… cada uno ha tomado caminos diferentes pero, realmente, no lo hemos dejado porque es muy difícil dejar la música”, señala el bajista de Subterráneo. “Aunque, a veces, te lo planteas y lo intentas, porque es incompatible con tu trabajo o las condiciones de vida que llevas, pero pase lo que pase, la música acaba saliendo siempre a flote. O grabas tus canciones en casa, o montas un grupo tributo, o lo que sea, pero no puedes dejarlo”. Es la constatación de que el final de un camino es el comienzo de otra ruta apasionante y prometedora. Sólo depende de la voluntad propia de no dejar de caminar.

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